MILEI Y UN PASTOR EVANGÉLICO HACEN NEGOCIOS CON LA DESESPERACIÓN DE LA GENTE

A pesar de no haber visitado Bahía Blanca después de las últimas inundaciones ni se movilizó luego de los incendios que diezmaron parte de Río Negro y Chubut, el presidente Milei asiste a la apertura de una iglesia evangélica llamada Portal de Dios, versión “manaos” de la Iglesia Universal brasileña. Con capacidad para 15 mil personas, se convirtió en el templo de este tipo más grande del país. La construcción, ubicada en Resistencia, fue impulsada por el pastor Jorge Ledesma y su esposa Alicia Barboza desde hace diez años, y financiada, según ellos, completamente con donaciones.

La iglesia neoliberal
Para ingresar al evento se vendieron entradas generales a $30 mil y pases VIP a $100 mil, sin detallar qué incluía ese pase especial. El sábado del evento, la policía de Chaco montó un operativo especial desde las 7 de la mañana para cerrar calles cercanas al templo. El gobernador Leandro Zdero también participó del acto, junto a predicadores internacionales.

La Iglesia Cristiana Internacional, representada por Ledesma, tiene un fuerte anclaje en los barrios populares y un crecimiento explosivo. Dice tener más de 50 mil fieles en el país y haber abierto 5000 templos en 57 países con su programa «Invasión del amor de Dios». Prometen sanaciones instantáneas, milagros televisados, y aseguran que es posible transformar la pobreza con fe, por ejemplo el poder de convertir el dinero. Ledesma contó en entrevistas que convirtió 96 mil pesos argentinos en 96 mil dólares, gracias a una intervención divina.

El pastor es también la cara visible de la Unión de Asambleas de Dios (U.A.D.), organización que fue condenada por la justicia a pagar millones por encubrir un caso de abuso sexual cometido por un líder espiritual. El abusador se valió de su condición de líder espiritual para ganarse la confianza de la víctima y de su madre, realizando los ataques en la propia casa familiar..

Milei y la teología de la prosperidad
El evento dejó clara la nueva alianza de Milei con el poder evangélico. Desde el escenario, arremetió contra la justicia social, los ideales de izquierda y el papel del Estado. Colocó el libre mercado en un pedestal divino y afirmó que la pobreza se puede superar mediante la fe y el esfuerzo personal. En su narrativa, la desigualdad estructural no existe, solo el fracaso personal y la redención individual.
Al recortar drásticamente los fondos para la salud pública y la educación, Milei se alinea con grupos religiosos que ofrecen sanación divina y salvación personal en lugar de derechos colectivos.

Estas iglesias llenan un vacío dejado por el Estado: le brindan legitimidad, apoyo popular e influencia en los barrios más pobres. En esta lógica, el sacrificio reemplaza a la justicia y la obediencia a las políticas públicas.
No es casualidad que este espectáculo ocurriera en el Chaco, una de las provincias más empobrecidas de Argentina. La teología de la prosperidad enseña que la riqueza es una recompensa de Dios y la pobreza, resultado del pecado o de una fe débil, en este caso, tu poca fe hacia las políticas del presidente.
Esta mentalidad anula cualquier crítica al sistema económico. Replantea la miseria no como un problema político, sino como un fracaso espiritual. Y las iglesias que predican este mensaje tienden a prosperar durante el colapso social y económico. A cambio de diezmos y sumisión, prometen milagros y redención.

El plan de austeridad extrema de Milei no sobrevive solo con las obras de arte matemáticas del pintor Lavagna; necesita un marco moral que lo respalde. Lo ha encontrado en estas iglesias, que actúan como sistemas de apoyo espiritual a la vez que promueven la disciplina, la sumisión y la fe ciega. A medida que el gobierno se repliega, los templos toman el control, ofreciendo esperanza religiosa en lugar de derechos públicos.
En tiempos de crisis, Milei no ofrece una política pública real ni igualdad de oportunidades. Lo que ofrece es fe. Y una alianza con pastores que convierten la desesperación en lucro. En su altar, la justicia social se convierte en pecado y la austeridad en misión divina.





