REVELADO: EL MEGA NEGOCIO USURERO DE GALPERÍN

REVELADO: EL MEGA NEGOCIO USURERO DE GALPERÍN

Mercado Pago convirtió el crédito en una parte cada vez más importante de su negocio. Empezando en Twitter y expandiéndose a otras redes, las tasas de interés suelen ser lo que más llama la atención a los usuarios: el cuánto termina pagando una persona que se endeuda. Normalmente las discusiones sobre el tema llevan a otro: qué ocurre con ese crédito cuando el deudor deja de pagar y qué empresas intervienen después.

La operatoria puede dividirse en dos partes. Primero está la generación de créditos y su incorporación como activos. Después aparece un negocio paralelo: la gestión y recuperación de las deudas mediante empresas especializadas en cobranzas.

Los créditos que se transforman en activos

Explicándolo de forma sencilla: Una persona recibe un préstamo y, debido a las tasas (%), termina teniendo que devolver un monto muy superior al que recibió. Cuando no puede afrontar la deuda, refinancia. La deuda original se reemplaza por una nueva y el proceso puede repetirse.

El recorrido queda así:

Deuda → refinanciación → más deuda → nueva refinanciación → mora.

Cuando la persona finalmente no puede seguir pagando, el crédito entra en mora.

La gran duda que surge en redes es qué ocurre con ese crédito dentro de la estructura financiera. Una deuda que un cliente tiene con la empresa constituye un derecho de cobro y, por lo tanto, puede formar parte de sus activos. Pero el valor económico de ese activo depende de las “posibilidades reales de cobrarlo”.

El punto de la crítica es que una cartera puede mostrar un volumen muy grande de créditos mientras detrás de esos créditos existen personas con una capacidad de pago mucho menor.

En si, se está prestando dinero a tasas demenciales para que la gente entre en un bucle del que no se pueda salir, que sigan re financiando hasta que explote, como si fueras Toto Caputo pero sin fondos de inversión para darte el salvataje. 

Galperin en lugar de tener esas deudas como algo incobrable, las pasa a activos. Es decir, en las cuentas no figura el monto que te presto, sino el total de lo que tenes que devolver. Eso hace que el título del crédito valga más que la economía real.

Entonces los vende a estudios de cobranza y hace plata con eso, nadie en su sano juicio prestaría a esas tasas e igual lo hacen, porque algo sacan.

The Big Short versión Argentina

Usuarios de redes también empezaron a hacer comparación con la película The Big Short basada en la crisis financiera hipotecaria de 2008 en Estados Unidos.

La propia película explica que el problema de principio de la década del 2000 era que se podía terminar construyendo una enorme cantidad de productos financieros cuyo valor dependía de que millones de personas siguieran pagando sus hipotecas.

Mientras todo funcionaba, parecía que había activos muy valiosos.

Cuando mucha gente dejó de pagar: las hipotecas se deterioraron, los títulos se deterioraron, por ende, las instituciones financieras perdieron muchísimo dinero. Es como otro 2008, pero mucho más chico en el sentido que se dan créditos riesgosos, convierten esos créditos en activos, los mueven o los venden para aparentar que tienen mucho valor aunque eventualmente aparezcan en mora.

Por eso aparecen tantas comparaciones con la crisis de 2008: la diferencia entre el valor que figura sobre el papel y la capacidad real de pago de quienes están detrás de esos activos.

La tesis sostiene que el incentivo no necesariamente está puesto únicamente en que cada persona devuelva perfectamente el préstamo. También existe un incentivo en generar una gran cantidad de créditos que pasan a formar parte de los activos y que posteriormente pueden ser gestionados, cobrados o vendidos.

Uno podría argumentar que lo más lógico sería no pedir dinero prestado, y tendría razón, pero esto es otro de los síntomas de una economía estancada con precios suizos y salarios nigerianos con la que el gobierno libertario de Milei y Caputo afectan al ciudadano.

La venta y tercerización de las deudas

Cuando una empresa tiene una enorme cantidad de personas en mora, puede tercerizar la gestión de esos créditos y en lugar de encargarse directamente de contactar a cada deudor, contrata empresas especializadas en cobranzas.

El procedimiento puede involucrar una cartera de miles de créditos: esta cartera tiene un determinado valor nominal, pero quien adquiere o gestiona esos créditos sabe que una parte probablemente no será recuperada.

El negocio consiste entonces en intentar recuperar la mayor cantidad posible.

Mercado Pago reconoce que contrata agencias externas para gestionar créditos en mora. Entre las empresas mencionadas aparecen GEDCO, Contacto Garantido, Latam Collect, Paktar, Ostengo, We Cross y Zolvex.

En los últimos días, en redes y medios televisivos, se multiplicaron los testimonios de personas que recibieron llamados relacionados con deudas de Mercado Pago. Uno de los casos mencionados corresponde a un trabajador cuyo empleador recibió una comunicación informando que tenía una deuda con Mercado Pago. También aparecieron usuarios que aseguraron que las empresas de cobranza contactaron a ex parejas y familiares.

Como mencionamos, GEDCO aparece entre las empresas utilizadas para la gestión de estas deudas. La compañía informa públicamente que cuenta con una infraestructura de contacto de gran escala. Entre los datos que presenta aparecen una base con scoring de 30 millones de contactos, un data warehouse con 15 millones de contactos y 300 millones de gestiones.

También utiliza telefonía para campañas predictivas, bots y algoritmos destinados a seleccionar la vía de contacto. Esto permite convertir la cobranza en una operación industrial: grandes cantidades de personas pueden ser clasificadas, contactadas y gestionadas mediante sistemas automatizados y campañas telefónicas.

Otra de las empresas reconocidas por Mercado Pago entre sus cobradores es Paktar. La compañía ya aparece en expedientes judiciales relacionados con la gestión tercerizada de deudas. En un fallo reciente de Río Negro se discutió específicamente la responsabilidad del acreedor por la actuación de Paktar y las obligaciones vinculadas con el trato digno y la legislación de Defensa del Consumidor.

La cuestión es importante porque la tercerización no elimina la relación original entre el acreedor y el consumidor. La actuación de una empresa contratada para cobrar una deuda puede generar responsabilidades vinculadas con la forma en que se realiza esa gestión.

La normativa de Defensa del Consumidor considera abusivo reclamar una deuda mediante amenazas de comunicarse con el empleador o con terceros ajenos a la relación de consumo. Por eso, la forma en que las empresas de cobranza contactan a los deudores y a su entorno se convirtió en una parte central de la discusión.

El negocio no termina cuando aparece la mora

La morosidad no significa necesariamente que el crédito desaparezca de la estructura del negocio.

Un crédito en mora sigue siendo un derecho de cobro y puede ser gestionado por empresas especializadas. También puede formar parte de una cartera que se vende o se administra buscando recuperar una parte del dinero.

La segunda parte del negocio trata de que exista la empresa que genera los créditos de un lado. Y por otro, una red de compañías especializadas que recibe las carteras para intentar recuperar el dinero.

La comparación que hacemos con 2008 surge justamente de esa diferencia entre la economía real y los activos financieros: detrás de cada crédito existe una persona con ingresos y una capacidad concreta de pago, mientras que sobre el papel existe un derecho de cobro por un determinado monto.

Cuando se multiplican los créditos, también se multiplican esos derechos de cobro y las empresas que intervienen para administrarlos y recuperarlos.

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