ACUERDOS DE PAZ BAJO TRUMP: CUANDO EL “ÉXITO” OCULTA UNA DERROTA ESTRATÉGICA

Durante su mandato, Donald Trump presentó cada acuerdo de paz que firmó —desde los llamados Acuerdos de Abraham hasta las retiradas parciales en Afganistán y Oriente Medio— como victorias diplomáticas históricas, prueba de su estilo “negociador duro”. Sin embargo, un análisis detallado de resultados, consecuencias y equilibrios de poder revela una realidad muy distinta: Estados Unidos no ganó estas guerras —simplemente dejó de librarlas, pagando un precio alto en credibilidad, influencia y seguridad a largo plazo.

El caso más claro: Afganistán
En febrero de 2020, la administración Trump firmó con los talibanes el acuerdo de Doha. El texto prometía retiro total de tropas estadounidenses en 14 meses a cambio de compromisos vagos de los insurgentes sobre no albergar grupos terroristas. Nunca hubo negociación seria con el gobierno afgano legítimo. Trump lo llamó “fin de las guerras eternas”, pero lo que realmente se selló fue una rendición encubierta: EE.UU. aceptó plazos sin garantías reales, debilitó a sus aliados locales y entregó el terreno político y militar a quienes durante años combatieron. La caída de Kabul apenas meses después —ya bajo la presidencia siguiente— no fue sorpresa: estaba escrita en las cláusulas mismas del pacto.
Acuerdos de Abraham: brillo mediático, vacío político
Los acuerdos que normalizaron relaciones entre Israel y Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Marruecos y Sudán se promocionaron como gran avance regional. Pero bajo esa apariencia brillante, no resolvieron ninguno de los conflictos estructurales de la zona: la ocupación continuó, la cuestión palestina quedó totalmente marginada y muchos de los firmantes actuaron más por incentivos económicos o armamentísticos que por convicción pacífica. Lejos de estabilizar Oriente Medio, el acuerdo creó nuevos bloques de tensión y dejó a Washington con menos capacidad de mediar equitativamente.

El fracaso que no se nombra
En Irak, Siria y Yemen, la estrategia trumpista combinó retórica agresiva con acciones erráticas: aumentos puntuales de bombardeos, luego retiradas sorpresivas, sin planificación de transición. El resultado fue que Estados Unidos perdió control sobre la evolución de los conflictos, cedió espacios a potencias rivales como Irán o Rusia y dejó a aliados locales abandonados a su suerte. Muchos expertos internacionales coinciden: lo que se vendió como “recuperar soberanía nacional y no gastar recursos en guerras lejanas”, en realidad fue una retirada desordenada que equivalió a una derrota estratégica.
Bajo el mandato de Trump, los acuerdos de paz fueron una decisión de abandonar frentes sin haber consolidado avances. Estados Unidos no logró sus objetivos iniciales en ninguna de estas guerras, y los pactos firmados terminaron por trasladar la inestabilidad hacia el futuro. Como suele suceder con políticas cortoplacistas: el aplauso inmediato tapa, solo por un tiempo, el costo de haber perdido el rumbo estratégico





