LEANDRO SANTORO: RADIOGRAFIA DE UN OPORTUNISTA POLÍTICO SIN COHERENCIA NI LEALTAD

Leandro Santoro comenzó su carrera política en el radicalismo porteño, siendo presidente de la Juventud Radical y fundador de la agrupación alfonsinista «Los Irrompibles». Se volvió amigo cercano del ex presidente Raúl Alfonsin luego de esperarlo en la puerta del Hospital Italiano por 40 días, donde estuvo internado luego de un accidente automovilistico.

Su trayectoria dentro de la UCR lo llevó a ocupar el cargo de Director del Plan Estratégico del Gobierno de la Ciudad durante la gestión de Jorge Telerman. Su plan siempre fue “convertir a la UCR en un partido socialdemòcrata alineado a la izquierda”. Sin embargo, su discurso dio un giro “radical” cuando comenzó su acercamiento al kirchnerismo, a pesar de haber sido un crítico feroz de Néstor y Cristina Kirchner.

Entre 2012 y 2014, Santoro lanzaba ataques en redes sociales contra el kirchnerismo, dejando en claro su desprecio por la gestión. Llegó a afirmar que «Argentina va a salir adelante el día que dejemos de votar al peronismo» y se burló de la muerte de Néstor Kirchner con tweets irónicos. También enaltecía a figuras como Elisa Carrió y Gerardo Morales, mientras lideraba escraches contra funcionarios kirchneristas en Puerto Madero junto a Graciela Ocaña y Ricardo Gil Lavedra.

De crítico feroz a funcionario K
En 2014, fue invitado por La Cámpora a acompañar a Cristina Kirchner en un viaje al Vaticano y a la Asamblea General de la ONU. Poco tiempo después, fue recompensado con un cargo dentro del gobierno nacional: la Subsecretaría para la Reforma Institucional y Fortalecimiento de la Democracia, dependiente de la Jefatura de Gabinete de Aníbal Fernández.

A partir de allí, su discurso mutó drásticamente. De ser un opositor radical se convirtió en un ferviente defensor del modelo kirchnerista, alegando que eran “humanistas y socialdemócratas como el” y que “si ambos iban para el mismo lado, no había necesidad de pelear”.
En 2015, fue candidato a vicejefe de Gobierno por el Frente Para la Victoria junto a Mariano Recalde. La fórmula quedó en un lejano tercer puesto, mostrando el poco peso político que aportó Santoro a la elección. Más tarde, en 2017, logró acceder a la Legislatura porteña como parte de Unidad Ciudadana.

Su falta de experiencia en gestión le juega en contra
Santoro se presenta como un «pibe de barrio» que busca representar a la ciudad, pero su historial muestra que su candidatura responde más a acuerdos políticos que a una verdadera convicción de gobierno.
En sus propias palabras, su aporte a la fórmula es «rock & roll», una definición vacía para alguien que pretende administrar la capital del país.
Su falta de gestión es notoria: nunca administró un distrito ni tuvo responsabilidades ejecutivas de peso. Su carrera política se basa en dar saltos de un espacio a otro, acomodándose según la coyuntura. La realidad es que Santoro nunca tuvo intención de transformar la ciudad, sino de posicionarse donde su carrera política pudiera prosperar.
Lo que si hay que tomar en cuenta es lo caro que le sale al contribuyente mantener a Santoro. Según el portal Realpolitik, para 2019 cobraba tres sueldos del estado, luego, mientras ejercia como legislador porteño, recibía dos ingresos extra: uno como empleado de la Auditoría General de la Nación y otro como docente en la Universidad de Buenos Aires.

Un candidato sin credibilidad ni nada que rescatar
Las redes sociales han sido testigos de su hipocresía: desde sus críticas despiadadas al kirchnerismo hasta su alineación incondicional con Cristina, el historial de Santoro deja en evidencia su oportunismo.
La falta de coherencia es su marca registrada: despreciaba a Cristina pero hoy la defiende; se burlaba de Néstor pero ahora reivindica su legado, decía que Alberto era el mejor presidente en 2022 a decir que no hablaba más con el ese mismo año. ¿Quién nos asegura que compliría todas sus promesas de campaña?

Su designación como candidato no responde a una elección estratégica para ganar la Ciudad, sino a la necesidad del kirchnerismo de dar una imagen de «apertura» y “juventud”. Sin embargo, su presencia en la fórmula no suma votos ni credibilidad. Su pasado lo condena, y la ciudadanía porteña ya ha demostrado que rechaza este tipo de camaleonismo político.





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