Hace 52 años,caía preso Robledo Puch: El asesino serial argentino más prolífico.

Carlos Eduardo Robledo Puch, conocido como «El Ángel de la Muerte», marcó la historia criminal argentina entre 1971 y 1972, dejando un saldo de 11 víctimas asesinadas (aunque se presumen aún más) por la espalda y una marca indeleble en el policial argentino: Su carrera delictiva comenzó en marzo de 1971 con tan solo veinte años de edad.
Oriundo de una familia alemana acomodada, vivió su infancia en Olivos entre mimos, tocando el piano y alternando entre el castellano y el alemán que le impartían sus padres: Cuenta en una entrevista que su abuela Josefa le gritaba ¡Carlsen!. treffen sie hier («Carlitos veni aca») para ofrecerle chocolate caliente. Fue un niño pelirrojo de tez blanquísima y aspecto angelical (un rasgo que conservaría un tiempo y devendría en su apodo), también le fascinaba compartir su cumpleaños con Mahoma y Edgar Allan Poe. Su padre, Víctor Robledo Puch, oficiaba como inspector viajante de la General Motors por lo que no tenía demasiado tiempo a su disposición para pasar una vida familiar. Su madre, Aída Josefa Habedank era química pero no ejercía su profesión, prefería hacer una vida de ama de casa y sobre todo…cuidar a su único hijo.
A Carlitos (como lo llamaban) se le hizo un tanto difícil encajar dentro del entorno juvenil argentino: si bien había nacido en este país, llevaba puesta la idiosincrasia familiar, fue consentido y se lo vistió con lo mejor, lo que le ganó el desdén de sus compañeros barriales. Jugaba solo a las bolitas y coleccionaba figuritas de fútbol, de las cuales atesoraba las del River del 57.
El joven tuerca.
A Carlitos no solo lo educaron para tocar a Bach en el piano o jugar a la «Payana»en las calles del barrio…también le compraban ropa costosa de marca y hasta una moto importada (Honda CA72 Dream) que fue la envidia absoluta de sus conocidos y le valió que lo maltrataran por no poder tener lo mismo que el. De hecho, cuando años más tarde entrevistaron a quienes fueron sus amigos, estos admitieron hacerle la vida imposible por momentos: «Te peinas como una nena» «Fideo con tuco» o «Anda a limpiarte la caquita que tenes en la cara», por sus famosas pecas…El gil del grupo.
Entrada la adolescencia, Robledo comenzó a frecuentar las boites o boliches de la época y era conocido por el despilfarro de dinero y por ser mentiroso: se jactaba se proezas deportivas de lo más incomprobables. También le gustaba ir de «levante» con las jóvenes que conocía en estos lugares, teniendo siempre dinero para invitar tragos. Como venía de una familia bien acomodada, nadie sospecharía que lo gastado venía del botín que se hizo la noche anterior.
Puch ya había tenido encontronazos con la ley: fue enviado a un reformatorio por robar y estafar a conocidos de su entorno y se codeo por primera vez con internos jóvenes que eran percibidos como problemáticos. Allí también fue golpeado y burlado por su apariencia frágil y rasgos delicados…sin embargo la condena que más pesaba era la familiar: Carlitos había manchado el honor de sus padres. Estos ya vivían preocupados porque no entendían de dónde conseguía su dinero, a lo que él explicaba que era por hacer oficios y reparaciones: Era un Alex DeLarge de La Naranja Mecánica,una película violenta que saldría unos pocos años después y parece haberlo emulado en parte.

Carlos fue a dos escuelas secundarias: el Colegio Cervantes y al Don Orione, donde era apreciado por sus profesores del colegio…decían que con esa cara «daban ganas de adoptarlo», aun así como para justificar su mal comportamiento, algo que no era bien tolerado en su época. Allí conoce a unos de sus mayores cómplices, Jorge Ibañez. El joven tenía un perfil diferente al de Robledo…le gustaba la acción y era violento, y no dudó en presentarle a su padre, un hombre con antecedentes penales y aficionado a las armas de fuego. Al ver a Carlitos, inmediatamente le ofreció disparar sus armas junto a el y sin saberlo plantaría la primer semilla criminal en el…
Poco después ya tenían todo resuelto: robar la joyería «El suizo», entrando por detrás en la noche y matarían a cualquier testigo que se les cruzara. Así comenzó un raid delictivo que consistía en elegir locales o concesionarias, robar y matar al sereno, que Robledo ejecutaba generalmente de un disparo por la espalda, mientras este dormía: «Les estaba haciendo un favor, su vida no iba a ninguna parte» declaraba ante los peritos años más tarde.
Luego de cometer sus robos, la dupla se separaba y se dedicaban a gastar lo obtenido: viajes a Mar del Plata, fiesta y champagne. Sin embargo, en la sucesión de hechos Ibáñez comenzó a volverse cada vez mas violento , y luego de intentar violar a dos jóvenes en un auto con Robledo al volante, comenzaron las disputas. Sin embargo cometen un hecho más en Vicente López, la pareja chocó el automóvil e Ibáñez muere en el acto…muchos dicen que fue Robledo quien planeó matarlo de esta forma
Acompañado de Jorge Ibáñez, su socio en el delito, cometió robos y homicidios en serie en los que mostró una absoluta falta de límites, asesinando particularmente a serenos que dormían en sus trabajos. También Ibañez fue asesinado por Robledo y este le quemó la cara con un soplete para deformar sus rasgos de identidad.
Con la muerte de Jorge Ibáñez, Robledo Puch cesó temporalmente su actividad delictiva, pero la retomó en noviembre de 1971 junto a un nuevo cómplice, Héctor Somoza. El 15 de ese mes asaltaron un supermercado en Boulogne, donde asesinaron al sereno utilizando una pistola robada días antes en una armería. Apenas dos días después, ingresaron a una concesionaria de autos y mataron al cuidador ya sin ponerle ningún freno a sus vicios homicidas.
Una semana más tarde, atacaron otra concesionaria en Martínez. Tras reducir al sereno y quitarle las llaves, sustrajeron un millón de pesos. En un acto brutal, Robledo Puch le disparó en la cabeza al sereno y, poco después, asesinó a su propio cómplice, Héctor Somoza. Para dificultar la identificación por parte de la policía, desfiguró el rostro y las huellas dactilares del cadáver utilizando un soplete, un acto que se convirtió en su firma personal.
La detencion.
Como suele suceder, un descuido se convierte en el fin de la seguidilla: luego de robar junto a Somoza y deformarlo, se llevó el botín para compartirlo con el mismo…ya para ese entonces había aniquilado al último amigo que le quedaba en el mundo.La escena del crimen fue peritada y al poco tiempo dedujeron sobre la corta edad de sus perpetuantes y encontraron en el suelo, algo quemada, la cédula de identidad de Somoza.
Los policías no tardaron en dar con la madre del dueño del documento, y al preguntarle por su hijo dijo que este estaba con su amigo. Al preguntar por su nombre , los agentes escucharon Carlos Robledo Puig,que es delgado y colorado…vive con los padres, el padre es directivo de la General Motors y la madre es alemana y química. Fue más que suficiente. Fueron a ver a la madre de Robledo y le informaron de la muerte de su amigo, un tal Somoza.
Comenzaron a buscarlo en grupos de policías que sumaban en total unos cincuenta agentes y Carlos , mientras tanto..tomaba cerveza con un amigo, confiado de que nunca lo atraparán: al dar con él , le preguntan por Somoza. El niega conocerlo pero no se percató de que su remera está manchada de tizne del soplete que uso en la ferretería y que había sido el último en ver a Somoza..fue esposado y llevado a la comisaría. Se resistió al principio pero en los 70, existía la picana y luego de algunas descargas, hablo..
Al día siguiente, los titulares rezaban: «Ha caído el peor asesino de la historia Argentina. Se llama Carlos Eduardo Robledo Puch. Con el correr de los días, fue interrogado progresivamente y conto con detalles sobre sus armas preferidas para robar, los autos y motos que compro y como mato a quienes se le cruzaron..lo que no supo explicar es porqué lo hizo.

Robledo pasó a la Unidad 9 de La Plata y luego a la cárcel de Sierra Chica, donde fue condenado en 1980 a reclusión perpetua por tiempo indeterminado. En la prisión que solía tener fama de «infugable», tuvo que adaptarse por las malas: fue golpeado y vejado a tal punto que tuvo que recluirse en el pabellón evangelista y el homosexual. Un hito en su estadía carcelaria fue haber sobrevivido al famoso motín de «Los doce Apóstoles» que tomaron la prisión en los noventa, asesinaron a otra banda de violadores e hicieron empanadas de carne humana mientras tenían de rehén a una jueza.
Su vida carcelaria se extendió por décadas entre la soledad, la fábula y el morbo público del que parece haberse blindado. Vive en una celda pequeña, algo precaria y su vínculo con el exterior es una pequeña tv y revistas o libros que le llegan como donaciones.En 2008, accedió en comunicarse con el periodista Rodolfo Palacios, que luego de tener algunos encuentros personales con Robledo, publico «El angel negro» (Aguilar;2008) un best-seller del genero biografía/policial, que lo retrataba íntimamente como no nunca antes dentro del mundo periodístico. Esto permitió sumar otras perspectivas a lo que se sabia del asesino según los peritos, siendo Osvaldo Raffo quien mejor lo llego a descifrar
Los peritos que lo examinaron lo describieron como un individuo con trastorno de personalidad psicopático, falta de empatía y tendencias narcisistas. Mato en cada ocasión que pudo, no se conmovió cuando su secuaz intento violar a una muchacha mientras el conducía, e incluso le disparo a la cuna de un bebe que dormía en una casa a la que habían intentado robar.

En 2018 se estrenó la película «El ángel» protagonizada por Lorenzo «Toto» Ferro y dirigida por Sebastián Ortega («El marginal», «Un gallo para esculapio») que fue bien recibida por su historia y la performance del actor principal…algo que retomó el interés público por la vida de Robledo Puch y volvió a suscitar la pregunta de siempre: ¿Seguirá preso por siempre? Hace ya más de treinta años que su condena a prisión perpetua expiro, y si bien es inconstitucional que siga encerrado, ningún juez se atrevió a dejarlo en libertad.
En los últimos años recibió propuestas de cambio de régimen carcelario, las cuales rechazó, argumentando miedo y su adaptación por fuera del ambiente penitenciario. . ¿Donde iría a vivir? Es un individuo que podría considerarse un paria absoluto. Sin embargo, hace dos años y luego de décadas de no salir de Sierra Chica, pudo ser removido de la unidad para que se le practiquen estudios médicos.

Su apariencia actual dista mucho de la de aquel niño mimado de rostro angelical, siendo hoy un reflejo viviente de lo que es vivir encerrado en prisión.Ya no sueña con salir ni escaparse: dice tener miedo al mundo exterior, que (lógicamente) nunca podría adaptarse y que no tiene a nadie afuera….solo piensa en cuando morira.
Un régimen abierto parece ser la única solución que media entre el encierro y la libertad para quienes todavía le temen al «Ángel negro» que hoy no deja de ser un anciano y una crónica viviente de lo que supo ser el asesino serial más conocido en la historia argentina.




